El panorama de la música mexicana está experimentando una transformación fascinante, y Alex Fernández se posiciona como uno de los protagonistas más prometedores de esta evolución. El hijo de Alejandro Fernández ha tomado una decisión audaz que está marcando un antes y después en su carrera artística.
Tras cambiar de disquera y management, Alex Fernández ha encontrado la libertad creativa que tanto buscaba. Su nuevo sello discográfico, le ha permitido explorar territorios sonoros inexplorados, dando vida a lo que él mismo denomina “mariachi-pop”: una fusión que respeta la tradición mexicana mientras abraza elementos contemporáneos.

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Alex Fernández marca distancia de su legado familiar para construir su propia identidad musical
Su más reciente sencillo “¿Quién no ha llorado por amor?” representa la carta de presentación de esta nueva etapa. La canción muestra una faceta más íntima y controlada del artista guadalajareño.
Alex Fernández confiesa que esta reinvención surgió de la necesidad de autenticidad. “Desde el principio me preguntaron qué quería hacer, cómo quería vestirme, qué quería cantar… y eso nunca me había pasado”, revela el cantante de 32 años.
La decisión de alejarse del sonido tradicional no significa renunciar a sus raíces. Por el contrario, Alex Fernández busca honrar el legado familiar mientras construye su propia narrativa musical. “Tenemos dos bendiciones: ser mexicanos y ser Fernández”, afirma con orgullo.
Su enfoque va más allá de perseguir la viralidad. Para Alex Fernández, la conexión emocional con el público trasciende los algoritmos digitales. “Primero hay que hacer lo que te gusta, con calidad. Ya después, si se hace viral, qué padre”, explica.